
La Epífora es un síntoma de obstrucción lacrimonasal. Foto tomada de http://www.flickr.com/photos/gwir/
La epífora se define como el desbordamiento de las lágrimas, y precisamente la epífora es el síntoma principal que caracteriza a la obstrucción del conducto lacrimonasal. Este problema puede ser congenito, y manifestarse de forma más evidente en las primeras semanas de vida, o puede ser adquirido. La obstrucción lacrimonasal puede estar presente en 2 a 4 % de los recién nacidos.
La situación que más comúnmente causa alarma en los papás y mamás es el lagrimeo y la presencia de secreción purulenta (legañas o lagañas) que puede llegar a ser muy evidente e incluso puede dificultar la separación de los párpados. Cuando ésta complicación se presenta es necesario administrar antibióticos tópicos y además es necesario aplicar un masaje que estimula el drenaje y ayuda a desobstruir el conducto.
El masaje lo hacen los padres de forma rutinaria siguiendo estos pasos:
- Deben tener sus manos muy limpias (recién lavadas, sin alcohol) y tibias para no incomodar al bebé.
- Se aplica presión gentil desde el angulo interno del ojo (el que está junto a la nariz), en forma continua hacia abajo en dirección vertical, pegado a la base de la nariz hasta el ala de la nariz (o parte externa de las fosas nasales).
- Se repite varias veces por sesión ese masaje.
- Se repiten sesiones dos o tres veces al día considerando los pasos anteriores.
En casi todos los casos los antibióticos y el masaje son suficientes para resolver el problema, y para que el niño o niña se encuentre asintomático. En circunstancias normales, los niños con síntomas leves a moderados de lagrimeo y costras en los párpados (lagañas) pueden mantenerse en observación durante el primer año de vida sin secuelas ni complicaciones serias.
Rara vez es necesario el tratamiento forzado con sonda en una edad temprana (antes de los 6 meses de edad). Está demostrado por estudios recientes que la cateterización, sondeo o intubación con un tubo de silicón es muy efectivo en niños mayores de un año de edad que han continuado con síntomas a pesar del tratamiento conservador.
Por lo tanto el tratamiento instrumentado (o sea destapar la obstrucción con una sonda) se recomienda hasta después del año en la mayoría de lo casos, ya que algunos resuelven espontáneamente antes de esa edad, y también es importante hacerlo antes de que el niño cumpla los tres años, ya que después de esa edad la tasa de éxito disminuye, así como también se recomienda cambiar de tratamiento después de un tercer intento. La dacriocistorinostomia (DCR), que es propiamente una cirugía, está indicada en los casos de fallo al tratamiento o cuando hay una persistencia anormal del sistema canalicular.
Recuerda que si no es atendido, tu hijo o hija puede presentar complicaciones de este problema o enfermedad, como abscesos o infecciones más serias. Te recomiendo que acudas con un pediatra ya que las cosas que están escritas en éste sitio web no sustituyen el consejo de un médico en cada caso particular, ya que cada bebé es diferente.


